Descubre la ruta histórico-arquitectónica de Ribadesella: palacios, miradores y casonas marineras junto al Cantábrico en una villa con encanto asturiano.

Descubre el encanto de Ribadesella a través de un recorrido por sus calles más emblemáticas, sus palacetes señoriales y sus casas marineras. Una ruta perfecta para disfrutar de la arquitectura, la historia y las tradiciones de esta villa asturiana frente al mar Cantábrico.
El Barrio del Portiellu fue la antigua entrada a la villa y conserva hoy el espíritu popular de su origen pescador. Sus calles —como la Calle Oscura o la Calle Infante— mantienen la esencia de los viejos barrios marinos, mientras que las zonas más céntricas dejan ver el aire señorial de las casonas y palacios. Desde aquí, el recorrido nos lleva a la Plaza de la Reina María Cristina.
En esta plaza se levanta el edificio más antiguo de la villa: el Palacio de Prieto Cutre, del siglo XVI. Utilizado antaño como alfolí de sal, hoy alberga el Ayuntamiento de Ribadesella. Su fachada es una auténtica joya del Renacimiento asturiano.
Continuando por la calle López Muñiz, destacan los edificios porticados y la Casa de Ardines, con el escudo familiar en su fachada. Perteneció a una destacada familia de comerciantes y marinos que perdió su fortuna tras la Guerra de la Independencia.
La Plaza de la Iglesia, antigua Plaza Vieja, conserva el encanto de los antiguos mercados. Aquí se encuentra la Iglesia Parroquial de Santa María Magdalena, construida en el primer tercio del siglo XX. Su interior guarda valiosas obras como las pinturas de los hermanos Uría Aza, un Nazareno de Víctor Hevia y los frisos del altar mayor diseñados por Gerardo Zaragoza.
Por la calle Manuel Fernández Juncos descubrimos la Casa de González Prieto, hoy sede de Correos, y la Casa de Collado, conocida como “La Casa del Escudo”, con un monumental escudo del siglo XVIII. En esta última nacieron personajes destacados como Darío de Regoyos y los hermanos Uría Aza.

Llegando a la Plaza de la Atalaya, encontramos un bello conjunto de casonas tradicionales, entre ellas la Casa del Pixuecu y el Palacio de la Atalaya. Desde aquí parte el Paseo de la Atalaya, que asciende hasta la Ermita de Nuestra Señora de Guía, patrona de los marineros.
En la subida se cruza con la Torre de la Atalaya, de finales del siglo XIX, desde donde se disfrutan maravillosas vistas panorámicas del mar, la playa y la villa. La ermita, de origen renacentista (siglo XVI) y reformada en 1892, conserva una bella portada sur. A su lado se encuentran los cañones históricos restituidos en 1999, símbolo de la defensa del puerto durante la Guerra de la Independencia.
El Paseo de la Grúa, construido a finales del siglo XVIII como camino de sirga, guía al visitante por un recorrido cultural junto a paneles sobre la Mitología Asturiana. A mitad de camino se ubica La Fuentina, con una Xana y dos osos mitológicos tallados en piedra en honor a La Fonte del Cay, obra de Pepín de Pría.
Al final del paseo encontramos un museo al aire libre con ilustraciones de Antonio Mingote, que narran los momentos más destacados de la historia riosellana mediante locuciones interactivas. El recorrido termina en el puerto pesquero.

El Puerto de Ribadesella fue uno de los más importantes del norte. Prosperó gracias a la industria ballenera y al comercio de sal para las conserveras de la villa. También fue punto de partida de la emigración a América, con el bergantín Habana rumbo a Cuba en el siglo XIX.
La actual lonja del pescado, inaugurada en 1936, sigue acogiendo la subasta diaria de especies locales como rape, lubina, mariscos y la preciada angula del Sella, conocida como el “oro blanco” de Ribadesella.
Cruzando el puente, el Paseo Marítimo de Santa Marina muestra la faceta más elegante de Ribadesella, con sus palacetes modernistas construidos a principios del siglo XX por familias acomodadas. Destacan el Chalé de la Marquesa de Argüelles y la Villa Rosario. Al final del paseo se encuentra La Punta’l Pozu, con vistas al mar y, en el acantilado cercano, las huellas de dinosaurios.
El regreso puede hacerse por el Parque de El Malecón, un entorno natural de gran valor ecológico donde descansan aves migratorias observables desde los miradores. Antes de cerrar la ruta, podrás contemplar una de las construcciones más típicas de Asturias: la panera, similar al hórreo pero de planta rectangular.
Si continuamos por el mismo camino, llegaremos a la Cueva de Tito Bustillo y al Centro de Arte Rupestre, uno de los enclaves prehistóricos más importantes de Europa.
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August 26,2019
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